Al nacer empezamos a morir ya, al emerger a Dios fallecemos por siempre, con un abismo insondable que separa al viejo hombre del gozo infinito. El karma del alma es la sangre preciosa. La reencarnación es ilusoria, un tubo de escape perforado, de última hora. El fatalismo es un cáncer en los sesos y esa vía con tantos hoyos mutilantes no es la calle. La consciencia es una fracción del espíritu. La mente natural es caótica y despilfarradora, es una resonancia del alma irredenta. El que se hunde en el evangelio se ilumina. La piel es la cárcel, el mundo el centinela. La mente no se sienta en una sola silla y el bebé que brota es único, eterno e irrepetible. Todos pernoctamos en la puerta del ataúd.

Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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